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A los 8 años, Damián pasó del robo a traficar órganos

Conjuntos del crimen organizado reclutan a menores de hasta 8 años de edad a fin de que participen en delitos como el homicidio , el rapto, la venta de drogas y el tráfico de órganos, advirtieron Saskia Pequeño de Rivera y Mercedes Castañeda, cofundadoras de la organización civil Reinserta.

Las 2 psicólogas, especialistas en reinserción social, señalaron que los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y del Nordoeste, aparte de otras bandas delictivas, han afianzado el reclutamiento de jóvenes por el hecho de que no hay suficientes políticas públicas para progresar su situación escolar, económica y laboral.

“Las autoridades deben reconocer la problemática y producir las instituciones pertinentes, aparte de políticas públicas, para empezar a resguardar a estos menores. En la protección de ellos hay una laguna institucional que los criminales vieron y la están aprovechando”, criticó Pequeño de Rivera en entrevista con EL UNIVERSAL.

Pequeño de Rivera, Mercedes Castañeda, Fernanda Dorantes y Mercedes Llamas Palomar publicaron últimamente su libro Un sicario en todos y cada hijo te dio, en el que exponen casos de pequeños enlistados en bandas delictivas.

En las páginas de ese texto se halla el caso de Damián, un pequeño que se dedicó al hurto de objetos desde pequeño y a los 8 años ya trabajaba para una red de tráfico de órganos.

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En dos mil diez, el caso de El Ponchis sacudió al país; el pequeño de catorce años trabajaba para el Cártel del Pacífico. Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL

 

Su labor era sencilla: localizar a personas aproximadamente de su edad, observarlas y también informar a sus jefes sobre cada movimiento de las posibles víctimas.

“Hoy tenemos un inconveniente de tamaño medio, mas mañana podría ser un inconveniente muy grande”, declaró Pequeño de Rivera, quien para efectuar su libro visitó, así como sus colegas, cárceles del Estado de México, Tamaulipas, Guerrero, Nuevo León, Jalisco y Urbe de México.

Las cofundadoras de Reinserta no tienen una cantidad precisa de cuántos menores podrían estar trabajando para la criminalidad organizada —en dos mil diecisiete la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló que podrían ser más de treinta mil—, mas lo que sí aseguraron es que desde dos mil dieciseis hay más jóvenes en cárcel por cometer delitos de alto impacto.

Escasez de ocasiones, la causa

Un sicario en todos y cada hijo te dio es un libro publicado en la editorial Aguilar y está dividido en 3 apartados:

En el primero se presentan historias de menores presos por haber formado una parte de la criminalidad organizada. Después, en el segundo, se hace un análisis de las causas que llevaron a esos jóvenes a infringir la ley, y finalmente, se presentan casos de éxito de pequeños y adolescentes que consiguieron recobrar su vida tras un proceso de reinserción.

En el texto se encuentran las historias de una adolescente contratada para raptar, otro joven que a los dieciseis años fue comandante de un cártel local y el caso de una mujer que a exactamente la misma edad ya tenía su red de prostitución.

Mercedes Castañeda explicó ciertos factores que llevan a los jóvenes a involucarse en el crimen: “La negligencia en la escuela o bien en la casa, el consumo de substancias, el sentido de pertenencia de ser parte en una pandilla, la admiración procriminal, la narcocultura. Todo eso en contrapeso con la pobreza”.

Conforme las conversaciones que las especialistas sostuvieron con los jóvenes, los conjuntos delincuenciales habrían establecido “universidades del crimen” en las que enseñan a sus miembros de qué forma cometer determinados delitos.

“Es un proceso absolutamente organizado, pueden ser 3 meses de entrenamiento en el que se les enseñan [a los jóvenes] técnicas hasta israelíes, y una parte esencial en estos adiestramientos es la desensibilización.

“No solo te doy técnicas para matar, para utilizar armas, sino más bien [te enseño a ver] a las personas como un objeto y a los contrincantes como oponentes, entonces los hacen matar animales y sacrificios entre ellos”, afirmaron las psicólogas.

Para Pequeño de Rivera y Mercedes Castañeda lo más lamentable es que los menores son “desechables” para las bandas criminales: si matan a uno, logran a otro. Precisamente por eso urgieron a las autoridades a incorporar políticas de protección.

“Urge pulimentar las políticas públicas, la Ley Nacional para Adolescentes entró en vigor sin presupuesto, fatalmente hecha, con unos huecos monstruosos, lo que hace que si detienen a un menor, lo sueltan, o bien cuando cumplen su privación de la libertad, los lanzan a la calle, y habitualmente vuelven a sus zonas de seguridad que son las pandillas o bien las bandas”, concluyó Mercedes Castañeda.

Fuente: El Universal

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